Cincuenta años de extractivismo: El fracaso del Estado en la gestión del oro dominicano,un estado que no sabes ser dueño.


Por: Juan Mateo Valerio Liriano

La historia minera de la República Dominicana en el último medio siglo no es la historia del progreso, sino la de una claudicación sistémica. Desde el ascenso de los 12 años de Balaguer hasta la actualidad, el Estado ha operado bajo una premisa colonial: extraer lo más rápido posible, al menor costo político, sin importar el rastro de lodo y cianuro que quede en el camino.

El ranking de pobreza es el juez más severo de esta gestión. Si el oro fuera desarrollo, Sánchez Ramírez no tendría comunidades reclamando agua potable frente a una de las minas más ricas del mundo. El fracaso no es de una gestión, sino de un modelo de Estado que ha preferido el "derrame" económico que nunca llega, por encima de la planificación territorial.

50 Años de Sombras Mineras

Para entender el engaño actual de proyectos como Romero en San Juan, es necesario mirar el historial de quienes han ostentado la banda presidencial.


1. Joaquín Balaguer (1966-1978 / 1986-1996): El Estado minero y el inicio del pasivo

En 1975 se inauguró la Rosario Dominicana. Bajo Balaguer, el Estado asumió el control total de la mina de Pueblo Viejo en 1979. Fue una época de nacionalismo de fachada; mientras se extraían toneladas de oro, se creaba el mayor desastre ecológico de nuestra historia: el pasivo ambiental de la presa de cola de El Llagal, una herencia de contaminación que el pueblo dominicano terminó pagando décadas después.

2. Antonio Guzmán y Jorge Blanco (1978-1986): La parálisis administrativa

Durante los gobiernos del PRD, la minería estatal entró en una crisis de eficiencia y corrupción. No se crearon mecanismos de fiscalización ambiental modernos. Se permitió que la Rosario Dominicana colapsara técnicamente, dejando a Cotuí con la contaminación y sin los beneficios de una empresa rentable.

3. Leonel Fernández (1996-2000 / 2004-2012): El gran contrato de la Barrick Gold

Es bajo el mando de Fernández donde se firma el contrato original con Placer Dome (luego Barrick Gold). Fue el momento de la capitulación jurídica. Se entregó el oro en condiciones que, inicialmente, eran vergonzosas para la soberanía nacional (el famoso 97/3), priorizando la inversión extranjera sobre la integridad de las montañas de Cotuí.

4. Hipólito Mejía (2000-2004): Continuidad del modelo

A pesar de su discurso popular, su gestión dio continuidad a los procesos de concesión minera sin reformar la Ley Minera 146-71, una pieza legislativa obsoleta que data de la era de Trujillo y que aún hoy rige la mayoría de los procesos, protegiendo más a la empresa que al río.

5. Danilo Medina (2012-2020): La renegociación cosmética

Si bien Medina logró renegociar el contrato con Barrick tras la presión social, el fondo del problema no cambió. Se obtuvo más dinero para el presupuesto nacional, pero ese flujo de caja se diluyó en el gasto corriente del Estado, no en transformar a Sánchez Ramírez. En su gestión se impulsaron las pretensiones de GoldQuest en San Juan, vendiendo la idea de "minería responsable" mientras el río San Juan ya estaba en la mira de la ambición corporativa

 6. Luis Abinader (2020-Presente): La encrucijada del "Cambio"

El gobierno actual navega entre la presión de los grupos ambientalistas y la necesidad de divisas. La ambivalencia sobre el proyecto Romero en San Juan y la expansión de la presa de colas en Cotuí demuestra que, para el Estado dominicano, el "oro verde" (el agua) sigue estando por debajo del oro metal en la escala de prioridades económicas.

 Un Estado que no sabe ser Dueño

El gran fracaso de estos 50 años es la incapacidad de transformar el capital natural en capital humano. El Estado dominicano ha actuado como un cobrador de impuestos, no como un guardián de la nación.

Se repite el patrón de 1492: nos presentan una narrativa de sofismas donde la tecnología minera parece magia que no daña el agua. Pero la realidad política es que cada gobernante ha preferido el cheque inmediato de la multinacional para cuadrar el presupuesto nacional, antes que defender la cuenca de un río que alimenta a miles de agricultores.

San Juan hoy se enfrenta a los mismos espejos que le vendieron a Cotuí hace medio siglo. El análisis social es claro: si en 50 años el oro no ha sacado a Sánchez Ramírez de la medianía del ranking de pobreza, ¿por qué habríamos de creer que esta vez será diferente en el valle de San Juan? La historia no miente, los políticos sí.

@destacar

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